Discapacidad: entre la inclusión y la agresividad

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Dicen que muchas veces uno evalúa los asuntos en función de lo que le ocurre en el metro cuadrado en que vive, para después extrapolar ese análisis a la realidad que le circunda. Y esta es una de esas veces a partir de una situación de singular singnificación.

El hecho particular que me ocurrió fue al acompañar a mi padre al banco hace unos días. Tiene algunas dificultades físicas que le impiden caminar bien y mantener el equilibrio de modo adecuado. Tuvimos una larga cola de espera en la calle para poder ingresar a la sucursal y luego otro tanto para lograr que nos atienda alguien que nos orientara sobre cómo hacer el trámite.  Ninguna baranda ni rampa acompañó el trayecto de mi padre hasta la empleada que nos orientó. Hasta allí todo fue dificultad y esfuerzo.

Esperamos unos minutos sentados mientras veíamos una persona con muletas que tenía enormes dificultades para circular por el banco. Fue en ese instante cuando nos atendió otra persona del banco con buena predisposición.

Al terminar el trámite, le sugerí a quien nos atendía que planeasen poner barandas en el edificio para que las personas con discapacidad pudiesen circular con mayor facilidad. Me contestó que recibía la sugerencia, pero que la veía inviable y que me invitaba a ver la cocina del banco para verificar el déficit edilicio del edificio donde trabajan.

Puede parecer razonable la respuesta de la buena empleada bancaria, pero también muestra el sentir platense para con las personas con discapacidad.  Una ciudad muy bien planificada en muchos aspectos y sentidos, pero tremendamente agresiva con los disminuidos física y mentalmente.

Tenemos mucho por hacer en este tema que perjudica a cerca del 10 % de la población. Una porción ciudadana que termina optando por salir lo menos posible de su casa dadas las dificultades que le ofrece la ciudad.

Bastante puede hacer el Estado en sus distintos niveles y poderes en los casi tres mil inmuebles que alquila o tiene en propiedad en la ciudad.  Puede poner cantidad de rampas y barandas que ayuden a la mejor circulación de aquellos que menos tienen mental o físicamente.  También sumaría que arregle sus veredas como un vecino másTenemos una gran cantidad de metros cuadrados de veredas rotas que corresponden a edificios públicos, lugares intransitables para cualquier persona con discapacidad.

Los privados también son culpables en algún sentido ¿Cuántos bares y restaurantes conocemos que tienen baños a los que se acceden por escalera? ¿Cuánto interés ponemos cada uno de nosotros para que la ciudad cuente con espacios de esparcimiento y diversión públicos y privados para personas con discapacidad?

La Plata tiene el deber de saldar esta deuda que no pertenece a ningún partido ni agrupación política.  Es algo que nos debemos todos como ciudad.  Nos debemos una política pública en este sentido. Hay mucho por proponer.  Hay mucho por hacer. Pero sobre todo hay que tener una mirada mucho más amplia e inclusiva que ayude a mirar al otro más allá de nuestros propios intereses y dificultades.  Todos nos necesitamos a todos más de lo que creemos.

Fuente: 0221

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